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Ciudad y Naturaleza.

Por Eva Sosa.

En medio de la ciudad de cemento y asfalto, vamos en busca de la naturaleza. Pero ¿existe todavía?

La que encontramos es una naturaleza desdeñosa, contrahecha, comprometida con la vida artificial, y es que las ciudades actuales tienden a ser de un tono gris: contaminadas, impersonales, sin intención de lograr un equilibrio con el ambiente.

México por ejemplo, con 22 millones de habitantes2 se ha convertido en una urbe interminable, dependiente del automóvil, la cual durante 300 días al año tiene 6 veces más toxicidad en el aire que el estándar máximo permitido mundialmente.

*Urbanized es un documental que habla de cómo se diseñan nuestras ciudades

Esta dicotomía entre ciudad y naturaleza cada vez es mayor: se construyen vialidades en segundos pisos en lugar de buscar una buena planeación peatonal; pavimentamos vías para el automóvil pero no plantamos árboles, ponemos aire acondicionado en espacios herméticos en vez de trabajar con ventilación cruzada o enfriamiento por evaporación.

Estamos construyendo (y muy rápido) un esquema urbano hostil e insostenible.

Un alto porcentaje del suelo urbano está cubierto por planchas asfálticas. Éstas, no sólo destruyen el microclima, también impiden la infiltración de agua, hacen perecer las pocas señales de vida animal y vegetal y vuelven desagradable el caminar sobre ellas. Cuando las calles tienen un terminado liso se fomenta que el coche circule más rápido, en cambio de cubrirse (al menos las vialidades locales) con piedras separadas entre sí, además de infiltración pluvial se lograría un notable descenso de temperatura en verano.

Por otro lado, en la mayoría de las ciudades el agua no está al alcance directo de las personas aunque ésta tenga un valor muy importante en la psicología humana. Las fuentes naturales de este líquido están secas, contaminadas, ocultas o cubiertas y en vez de planear los edificios hacia los ríos o a la orilla de estos, los constructores simplemente los cubren.

Necesitamos contacto con el agua para nadar, para sentarnos a un lado o donde podamos meter los pies. Sería bueno convertir al agua en un espacio público: piscinas, fuentes, riachuelos, pozas de recolección de agua pluvial, entre otros.

Contacto directo entre las personas y el agua

Contacto directo entre las personas y el agua. Memorial a la Princesa de Gales, Londres.

Lo verde debería ser accesible para todos, no sólo en parques públicos; principalmente en las calles. Plantar árboles sería una buena opción, mejor si son frutales, que además de ofrecer sombra dan un sentido de pertenencia y bienestar a los vecinos y algo de comer para los transeúntes, con mínimos o nulos cuidados.

Naranjos en una calle de Sevilla

Calles con naranjos en Sevilla

Debe fomentarse una mejor relación entre el mundo natural y el construido en la búsqueda incansable de crear una mejor ciudad: aquella que aún no tenemos.


De las ciudades y el polvo.

Cada mañana los habitantes de Querétaro limpian sus zapatos: sacuden de ellos una capa de polvo acumulado que a veces llega a incrustarse en su opaca piel grisácea. Acostumbran caminar sobre puentes de rendijas donde, si miras hacia abajo encuentras una espesa nube negra que nunca deja de asentarse pero tampoco se va. Dicen los más viejos que debajo de estos puentes; en el lugar donde está aquella nube, se acostumbraba moverse en coche. Recuerdan que cuando los coches fueron demasiados, Querétaro dejó de funcionar, no porque estos ocuparan mucho espacio sino porque el aire se volvió pesado.

Al polvo lo intentaron dispersar con ventiladores y abanicos pero sólo lograban esparcirlo así que las personas a tientas y con los ojos enrojecidos, tuvieron que construir puentes sobre aquel hollín para poder caminar. Fue así como retomaron el control de su ciudad, aunque ahora vivan con sus pantalones y zapatos siempre sucios pues el polvo no se va, nunca se va.

*Cuento elaborado para la clase de Urbanismo.

1 comentario

  • darianlerma 9 months ago Reply

    me gusta tu cuento! justo estaba pensando algo asi el otro dia… :(

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