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Infancia, ciudad y ciudadanía

Por Leticia Aguilar

[Artículo originalmente publicado en el AM Querétaro]

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¿Merece la infancia ejercer su voz respecto al desarrollo de su ciudad?

Sin duda, tomar en cuenta sus opiniones implicaría, en gran medida, la incomodidad de enfrentarnos a críticas sobre la manera en la que los adultos planeamos la ciudad, lo poco empáticas que son y lo mucho que nos importan los intereses de solo algunos.

Hasta ahora, votar representa el mecanismo más importante para hacer oír nuestras opiniones. Sin embargo, la infancia está legalmente impedida a hacerlo pues para votar se necesita alcanzar la ciudadanía, es decir, haber cumplido la mayoría de edad. Esto obliga a niñas y niños a esperar, a ser habitantes pasivos, sin voz y sin voto, quedando al margen de las decisiones que los adultos toman, lo cual termina impactando en su involucramiento con la ciudad.

Pensar las ciudades desde la perspectiva de sus usuarios más pequeños podría ser la solución a un sinfín de problemáticas urbanas que sufrimos. Por lo tanto, entender sus necesidades y hacerlos parte de la conversación es crucial. Existen ya algunos mecanismos de participación infantil, pero éstos carecen de una verdadera intención de tomar en cuenta las ideas de sus participantes.

Diseño participativo en Bolaños, Querétaro.

Nos encanta presumir sus dibujos producto de una actividad con ellos o estadísticas de sus inquietudes pero, ¿qué sigue después? El problema recae en que los adultos no logramos entender el idioma de los niños y por eso sus ideas nos parecen inverosímiles: “¿coches voladores? ¡imposible!”. Pero, ¿y si lo que en realidad está diciendo el niño es que le gustaría poder caminar sin miedo a ser atropellado? Podríamos traducir su idea en reductores de velocidad, semáforos peatonales y banquetas más anchas.

Tomemos en cuenta también que los valores de un buen ciudadano no aparecen mágicamente cuando uno cumple 18 años, sino que se forjan durante la infancia. A partir de que niñas y niños se sientan actores clave en la producción de los espacios, su formación cívica será más fructífera; no sólo para su propio disfrute, sino de su comunidad. Si no podemos legalmente llamarlos ciudadanos, ¿por qué no otorgarles el título de “ciudadanos honorarios” y darles un lugar en la formulación de ideas para mejorar su ciudad?

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Directora Ejecutiva y Co-Fundadora de Unlugar A.C. // Arquitecta por el Tecnológico de Monterrey campus Querétaro. Estudiante de la Maestría de Urbanismo en la Universidad Nacional Autónoma de México. Realizó un Diplomado en Dirección y Gerencia Social para Organizaciones de la Sociedad Civil de Fundación Merced Querétaro.

Ha colaborado en la ejecución de proyectos urbanos de diseño participativo a nivel nacional e internacional, así como en la formulación y coordinación de programas en materia de movilidad en el Municipio de Querétaro. Realizó sus prácticas profesionales en Tod Williams Billie Tsien Architects en la ciudad de Nueva York y colaboró como jefa de proyectos en los despachos de arquitectura Ambrosi | Etchegaray en la Ciudad de México, así como Marván Arquitectos y G3 Arquitectos en la ciudad de Querétaro.

Actualmente es profesora de cátedra del Tecnológico de Monterrey campus Querétaro y forma parte del Consejo Temático de Urbanismo y Movilidad del Municipio de Querétaro.

Otros textos de Leticia:
El temor a diseñar en conjunto | 06/07/2020
La ciudad tras la pandemia | 28/04/2020
Los cuatro años de Unlugar y el ataque a Bruselas | 22/03/2016

Artículo originalmente publicado en el AM Querétaro, como parte de las publicaciones semanales del Consejo Temático de Urbanismo y Movilidad del Municipio de Querétaro.

Imagen de portada: Diseño participativo en Colinas de Corporiente, Cumaná, Venezuela
Fotografías: Leticia Aguilar

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