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Sobre el Artificio

Por Jorge Farill.

La palabra “artificial” es una de esas que tienen un claro antónimo pero ningún sinónimo realmente adecuado.

Si uno busca en un diccionario, es recurrente que se defina como “no natural”, pero si luego uno busca “Naturaleza”, encontrará difícil interpretar la artificialidad como un fenómeno o producto no natural. Y es que la frontera entre lo natural y lo artificial, en realidad no existe. Hay varias definiciones de “Naturaleza”, pero en todas, su campo de significado parece abarcar el de la artificialidad.

Por ejemplo, si definimos la Naturaleza como “el principio de movimiento y de cambio del Universo”1, como lo hizo Aristóteles, ¿en qué momento el ser humano, al hacer o crear lo que sea, escapa o altera esos principios universales o crea otros?, ¿acaso el ser humano cuenta con el poder de cambiar el conjunto de principios que han operado durante todo el tiempo que lleva existiendo el Universo? Yo creo que no, y de hecho, el mero éxito o fracaso de un “artificio” desde el punto de vista utilitario, depende precisamente de qué tan bien se monte un escenario en donde algunos de estos principios se conjuguen y alcancen el fin deseado.

Desde siempre, a los seres humanos nos ha fascinado crear “pequeños universos” en donde libremente hemos establecido los principios con los cuales se relacionan los elementos que hemos elegido que en ellos participen. Ejemplo de éstos son el ajedrez o alguna obra surrealista (y si nos vamos más lejos los sistemas legales o quizás hasta la ética).

En 1997 una computadora le ganó el match a Garry Kasparov, que es considerado el mejor ajedrecista de todos los tiempos. Las máquinas han ido tachando línea por línea la lista de cualidades/capacidades que nos hacen únicos en la Naturaleza. Quizás sea momento de repensar la importancia de la unicidad y si existe algo dentro de nosotros verdaderamente imposible de replicar.

Definitivamente con estas instauraciones no se están creando principios universales, sino sólo locales y temporales; y siempre acaban existiendo dentro del mismo marco de principios universales que dieron en primer lugar pie a su creación. Por lo tanto no existe tal cosa como algo artificial en su sentido más estricto. Tal término se ha empleado para denominar a los fenómenos o productos que son, o se han originado a través de un proceso natural en el cual el intelecto humano ha sido sólo otro de sus agentes transformadores.

En la obra de Gabriel Orozco es recurrente encontrar que ha transformado un objeto que muy evidentemente había sido ya transformado por otros agentes naturales en el pasado, invitándonos a pensarnos como un eslabón más dentro de algunos de los procesos transformativos del Universo.

Solemos deslumbrarnos con nuestras propias creaciones, lo que en muchas ocasiones no nos permite ver la imagen completa: el conjunto que forma la creación y su contexto. Esto a su vez ha generado nuestra común e incorrecta autoconcepción de ser una especie esencialmente distinta al resto de su entorno, y es precisamente esto lo que desencadena relaciones poco armónicas entre ambas partes.

David Abram afirma que “si habitáramos un bosque por el tiempo suficiente, nuestra percepción cambiaría, podríamos sentir que somos parte de este bosque, que somos consanguíneos a él, y que nuestra experiencia del bosque no es otra cosa que el bosque experimentándose a sí mismo.” (2) No seríamos capaces de agredir el entorno del que somos parte si realmente nos sintiéramos uno con él y de ahí la relevancia de proyectos como Sociópolis (y otros) en donde se propone a grandes rasgos integrar el campo y la ciudad. Aunque por causas varias, propias del proyecto y ajenas a él, no ha funcionado como se esperaba, plantea contribuir a la mejora en el control y la calidad de los alimentos producidos, así como al sustancial ahorro energético por disminuir sus distancias de transportación, pero más importante que eso, es que fomenta un cambio en el modo de vida de sus habitantes hacia uno en el que exista un mayor involucramiento con los procesos agrícolas. Así, su mayor aportación es que promueve la concepción de unidad entre nosotros y el medio ambiente.

Como el proyecto mencionado, existen muchos más en diversos campos del desarrollo del conocimiento humano que voluntaria o involuntariamente empiezan a cerrar la brecha conceptual entre nuestras asociaciones inmediatas cuando pensamos en la naturaleza y en nuestra humanidad.

De manera complementaria a tales proyectos, en el comportamiento o en el resultado de algunas de las más abstractas creaciones humanas se pueden apreciar patrones formales o de comportamiento antes vistos en la naturaleza. Por citar un ejemplo está el Internet como analogía del “cerebro global formado por todas las personas en este planeta, junto con las tecnologías de la información y de la comunicación que los conectan a un sistema inteligente y auto-organizado que funciona como un sistema nervioso para el planeta Tierra.” Como en un cerebro, “su  inteligencia es colectiva o distribuida: no está centralizada o localizada en un sistema determinado individual u organizacional, sino que se desprende de las redes dinámicas de las interacciones entre sus componentes, una característica típica de los sistemas adaptativos complejos.” (3)

“El internet se asemeja a la organización de un cerebro con sus páginas web (que juega un papel similar al de las neuronas) conectadas por enlaces (que juegan un papel similar al de las sinapsis), formando una red asociativa a lo largo de la cual se propaga la información.” (4) “Esta analogía se hace más fuerte con el auge de los medios sociales, como Facebook, donde los vínculos entre las páginas personales representan las relaciones en una red social a lo largo de la cual la información se propaga de persona a persona.” (5)

Las ciudades mismas, así como las redes que se forman entre ellas, o la economía, son otros ejemplos de sistemas dinámicos complejos creados por el hombre que, sin quererlo hacer, mimetizan los biológicos y es notable que la generación de estos es cada vez más frecuente, y que se presentan en cada vez más diversas escalas. Esto se da en gran medida debido a la programación y sistematización de nuestros procesos, en los cuales las matemáticas juegan un papel central.

A medida que en las actividades humanas se va incrementando el auxilio técnico que nos brindan las computadoras a través de los algoritmos matemáticos que en ellas se efectúan, nuestros productos van evidenciando cada vez más su naturaleza orgánica. Esto se explica porque nuestros procesos productivos van siendo cada vez más parecidos a los del resto de la naturaleza: por un lado, en los nuestros existe un regimiento constante y reiterativo de estos algoritmos matemáticos, y por el otro, existe un regimiento constante y reiterativo de leyes universales. Hoy en la mayoría de los casos es fácil identificar cuáles son productos humanos y cuáles no, pero cada vez esta tarea va haciéndose más difícil, pues la complejidad de nuestros procesos se ha ido aproximando a la de los del resto de la naturaleza.

Así, se asoma el fin del desarrollo humano cuyas creaciones generan fronteras conceptuales que nos separan de nuestros orígenes orgánicos y se acerca una época en la que irónicamente,  nuestro intelecto y los artificios que de él se desprenden, nos regresarán a los días en los que nos sabíamos uno con todo lo demás.

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Otros Textos de Jorge: Sistemas Cerrados | 22/04/2013
[1] Nicola Abbagnano (1961) [2] “The Spell of the Sensuous” (1996) by David Abram [3] "Cyberspace: The Ultimate Complex Adaptive System". The International C2 Journal. Retrieved 25 August 2012. by Paul W. PhisterJr [4] http://pespmc1.vub.ac.be/papers/WWW-Super-Brain.pdf [5] http://pespmc1.vub.ac.be/ECCO/ECCO-Papers/Weaver-Attention.pdf Imagen Garry Kasparov: http://www.forbes.com/sites/davidewalt/2011/05/03/kasparov-vs-deep-blue/ Imagen Gabriel Orozco: http://www.revistacodigo.com/entrevista-con-gabriel-orozco/ Imagen de portada: Dennis Hlyinsky 2014 http://flowingdata.com/category/visualization/artistic-visualization/

3 comentarios

  • Alberto Daly 7 months ago Reply

    Estoy de acuerdo, el crear algo artificial, estamos creando, respetando los procesos naturales, algo u alguna cosa parecida a otra. Por lo tanto, es natural por definición, como ejemplo: un implante o una corona en la boca, usada por los Odontólogos.
    Muy interesante, felicitaciones.

  • Jorge Farill G. 4 months ago Reply

    Es muy cierto, lo artificial solamente podría llamarse así, si proviniera de algo fuera de la naturaleza, cosa muy difícil de concebir, puesto que hasta lo último que conocemos en lo material, tiene sus raíces en la química y en la física y ambas ciencias habitan dentro de la naturaleza.
    Muchas felicidades por el análisis bien realizado.

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