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Los muros de Santiago.

El otro día comía con mi amigo Lipovetsky, le comentaba mi emoción por volver a mi ciudad, el siempre fiel a sus ideas, cree que en términos de historia, arte, cultura, sociedad o ciudades es tan valioso lo sucedido en el pasado como lo que acontece día a día. Idea que yo comparto.

Sin embargo al volver a esta ciudad después de algunos años, me cuestiono. La ciudad vieja, la anterior a mi partida, esa que construyeron mis abuelos y padres, donde corría en mi infancia por las calles tras un balón, esos parques donde me sentía Indiana Jones, esas plazas donde comía helado con mi primer amor al sonido de las risas, los algodones y el agua de las fuentes.

¿Es tan valida como esta ciudad de muros?

Y probablemente la respuesta más dogmática sea si; pues finalmente la historia, la sociedad e incluso la ciudad no es buena o mala, simplemente es y punto, registra los cambios, recolecta las huellas de nuestro paso.

Quizá mi pregunta clave es, ¿Así queremos ser recordados? O incluso ¿Esta es nuestra máxima capacidad como arquitectos, urbanistas o ciudadanos?. Esta ciudad donde los nuevos desarrollos prefieren rodearse de muros en “pro” de la seguridad, donde los nuevos parques suceden en los residuos de las vías rápidas, convirtiendo el “aire libre” en nubes de escape, donde el espacio público se transformó en plazas de conveniencia, en las cuales el estacionamiento que era un servicio se trasformó en un producto.

Esta ciudad de muros no se conforma con cerrar lo nuevo, sino que ahora me entero de las intenciones de cerrar Jurica y la cada vez mas aislada Juriquilla, desarrollos que se ufanan en su “urbanismo sustentable” ¿Cómo es sustentable fragmentar la ciudad? ¿Cómo es sustentable dividir a la sociedad con muros?  Cómo podemos quejarnos de la frontera con el vecino país del norte, de la ley SB1070, cuando nosotros somos discriminatorios en nuestra propia ciudad.

Los muros nunca han sido la respuesta, lo vemos todos los días en la frontera al norte, lo vimos durante décadas en Berlín, la cicatriz urbana que dejan no es nada comparada con las consecuencias sociales que conllevan.

Entender, planear y diseñar más nunca marginar, como arquitectos o urbanistas es nuestra obligación, pero como ciudadanos nuestro derecho.

 

Mr. B

Ciudadano del mundo.


(Superior) Templo de Santa Rosa, de Viterbo terminado en 1752. http://www.aquiqueretaro.com/introgaleriaA.htm | (Inferior) Muro de Berlín. http://cdn.dipity.com/uploads/events/3e08e3a7bfd940cc44b4a89e736b0892_1M.png

1 comentario

  • PM 10 months ago Reply

    Tal vez en una escala más humana el problema tiene que ver con las relaciones interpersonales en la ciudad, la forma en la que el modelo educativo protege de la información y la critica repercute en como las personas se relacionan entre si, a través de fachadas (o en este caso muros) que proyectan una imagen falsa de seguridad y bienestar.

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