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La responsabilidad del Arquitecto como Agente de Cambio

Por João Teles Barbosa.

 

Está en la naturaleza del Hombre organizar su espacio, creando formas que funcionen como su extensión, de lo inmensurable a lo mensurable. Estas “formas” o acciones son condicionadas por la circunstancia e igualmente crean circunstancia, donde la historia y la memoria desempeñan un papel esencial.

Como dice Walter Gropius, “los arquitectos responsables piensan mucho en términos de toda la comunidad”. El arquitecto es un organizador del espacio, un artesano, que manteniendo relaciones con su entorno (social, físico, económico e histórico), y a través de una visión amplia, crea nuevas circunstancias que intentan encontrar su armonía en el conjunto urbano y ser benéficas para el hombre y la sociedad en que se encuentre.

No entraré en la batalla de las grandes construcciones (edificios “arte”), con grandes medios tecnológicos, formas vacías que no tienen en cuenta las complejas conexiones sociales. Me interesa el silencio y la calma, el “amplio salón de la Memoria donde están los tesoros de las incontables imágenes de toda clase de cosas que se han ido almacenando a través de las percepciones de los sentidos” (San Agustín).

En situaciones de emergencia, como catástrofes naturales, conflictos bélicos o barrios de pobreza extrema, el arquitecto asume un papel esencial como agente de cambio, dando respuesta a una de las necesidades básicas del ser humano: la de un techo bajo el cual refugiarse. Aunque el carácter de las construcciones que acogen a las víctimas de estas catástrofes no es solamente proporcionar un refugio, sino garantizar un hogar temporal de calidad.

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Shigeru Ban busca, a través de construcciones sencillas, con materiales humildes como la basura, cajas de cerveza o el cartón, dar una respuesta humanitaria de calidad a situaciones donde las personas han perdido gran parte de sus referencias personales, sociales, culturales y simbólicas.

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Las construcciones humanitarias que Shigeru Ban desarrolló en Ruanda, Japón, Turquía, Haití y Nepal tienen en cuenta tanto la sustentabilidad como la realidad social del contexto en el que se edifican, construidas en pocos días, involucrando muchas veces a los propios ciudadanos y voluntarios que son enseñados a hacer sus propias viviendas, su nuevo hogar; un momento de entreayuda y de construcción pero también un momento de creación de nuevos lazos y relaciones entre las personas.

El proceso de recuperación de una ciudad, de una sociedad, después de una catástrofe es muy lento. Las personas siguen varios años en espacios provisionales, careciendo además de lugares públicos de convivencia y ocio. ‘Hogar para todos’ es un proyecto coordinado por Toyo Ito, que escuchando los relatos y experiencias de los lugareños, propone diversas construcciones acogedoras, donde estos puedan convivir y tener un espacio de recreo. El resultado es un ícono local, hecho con troncos de pino que habían muerto por el tsunami, ahora, símbolo de la nueva comunidad en construcción.

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Escuelas y hospitales hacen parte de este proceso de regeneración, que, recuperando la mano del hombre y el saber artesanal, buscan dejar huella del trabajo en los edificios, donde se puedan leer las manos de quienes los hicieron. Michael Murphy ha desarrollado varios proyectos en Ruanda y Haití, donde el papel del arquitecto se convirtió en el de un guía que acompaña a los trabajadores en el proceso de construcción.

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Al igual que Le Corbusier, me parece que esta creación de espacios para el hombre exige, tal como el propio hombre, un cierto grado de imperfección que capte la fuerza de la Arquitectura. No creo en una arquitectura perfeccionista ni intocable, la arquitectura esencial no es solo para una buena fotografía, no es fría ni cruel, es para ser vivida.

Los espacios públicos son piezas fundamentales en la revitalización de la vida de nuestras ciudades. Los “vacíos” urbanos como símbolo de la identidad de una población. “Vacíos” muchas veces creados por el abandono, por el envejecimiento, el olvido, la degradación o hasta por una guerra, que dejan en el espacio huellas de vacíos físicos, psicológicos, sociales y culturales. Pero como dice Álvaro Siza, hoy en día hay un horror al vacío y al silencio. Entendamos entonces el vacío como un “vacío activo”, un vacío lleno de sustancia, una fuente de sensaciones y emociones.

En la ciudad de Amsterdam entre 1948 y 1978, el espacio vacío abandonado fue un tema central. Aldo Van Eyck recuperó más de 700 predios residuales, transformándolos en zonas de juego para los niños y en zonas de disfrute para los mayores, resultando en espacios de mayor calidad y en un incremento de la seguridad de la zona. Estos espacios se construyeron atendiendo a la economía de posguerra, usando una serie de elementos estandarizados; sin embargo, la solución atendía a las condiciones únicas de cada lugar.

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Muchas veces, para cambiar la forma de vivir un espacio público no es necesario construir, hay que tener la inteligencia y humildad de identificar y reconocer las calidades del espacio a intervenir, e intentar maximizarlas con intervenciones sencillas. Un ejemplo exitoso es el caso del Bryant Park en Nueva York, donde la simple colocación de sillas y mesas, transformó completamente la forma de apropiación del espacio.

Otra intervención sencilla podría ser un simple techo, como Norman Foster hizo en el HSBC de Hong Kong, donde siguiendo las reglas del Feng Shui, elevó el edificio y dejó la planta baja “vacía”, permitiendo que se pudiera atravesar el edificio al mismo tiempo que protegerse del clima caliente y húmedo del sur de China. Este espacio cubierto que Foster regala a la ciudad es el epicentro de manifestaciones espontáneas semanales de emigrantes, en su mayoría mujeres filipinas.

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Ahí, cada domingo se congregan mujeres que trabajan en el servicio doméstico en Hong Kong, construyen y delimitan, con cartón, mantas o estructuras en tela, sus recintos de intimidad colectiva; y desarrollan a lo largo del día varias actividades relacionadas con el descanso, el ocio, trabajos manuales y la socialización.

Estas transformaciones temporales y espontáneas en el espacio público algunas veces se transforman en permanentes. Tal es el caso de la apropiación que las personas hicieron de la Torre David en Caracas. La torre de 45 pisos que se encontraba en ruinas, inconclusa y abandonada fue completamente transformada por el esfuerzo colectivo, las personas crearon una nueva comunidad, una nueva identidad. Construyeron sus casas, locales de trabajo, espacios de ocio, un tanque de agua, hicieron jardines hidropónicos, crearon instalaciones sanitarias y consiguieron electricidad.

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De cierta forma podemos decir que el edificio es la continuidad de la calle, es parte del espacio público, con sus rincones, comercios y espacios de juego extendiéndose hasta el ultimo nivel. Una situación espontánea que creó ciudad, espacios para circular, reunirse e identificarse. Este tipo de apropiación nos genera el reto de reconsiderar cómo se crean las comunidades urbanas en la actualidad y la sectorización e imposición de algunos edificios, sobreponiéndose a las situaciones de los más pobres y marginados de la sociedad.

Podemos entonces decir que el tiempo es el mejor arquitecto, ya que se encarga de crear armonía entre el hombre y sus espacios. El tiempo no deja espacio para una arquitectura impositiva que no tiene en cuenta las ciencias sociales (la psicología social, la antropología y la sociología). Un ejemplo sería el conjunto residencial de Pessac, del arquitecto Le Corbusier, que fue radicalmente transformado por sus usuarios, ajenos, en su mayoría, a las “bondades” proclamadas por una arquitectura moderna y por los desplazamientos cromáticos del Purismo. En su mayoría familias conservadoras Francesas, acostumbradas a “otra arquitectura” llenaron sus casas de una parafernalia de elementos decorativos.

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La participación no fue contemplada como elemento del proyecto, pero su actuación como fuerza creadora es imparable, ya que el Hombre tiene la necesidad natural de establecer lazos con el lugar y de reinventar su propio espacio.

Álvaro Siza, conocido como el “arquitecto participativo” en los años 70’s por su participación en el programa SAAL (Serviço de Apoio Ambulatorio Local), programa que se concibió para dar respuesta a las necesidades de personas alojadas en viviendas autoconstruidas y con pocas condiciones de higiene, localizadas en los barrios de las grandes ciudades de Portugal. Álvaro Siza asume la tipo-morfología de los barrios espontáneos, promoviendo las relaciones entre vecinos.

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En consonancia, el arquitecto Alejandro Zohn propone en México los conjuntos habitacionales de interés social ‘CTM Atemajac’ y ‘Ricardo Flores Magón’, que se conciben con el concepto de vivienda en crecimiento, en la cual sus habitantes van determinando el final de la misma a través de la autoconstrucción, una de las primeras experiencias en el país de autoconstrucción planificada. Un proceso donde los habitantes de las viviendas y los arquitectos forman equipos interdisciplinarios que influyen de forma activa en el proyecto arquitectónico. Lo que nos invita a reflexionar sobre los procesos colectivos generadores de transformación social.

Una postura similar ya había adoptado Hassan Fathy en el proyecto para reubicar a los habitantes del pueblo de la Aldea de Nueva Gourna en Egipto, entre 1946-63, donde la importancia del conocimiento colectivo, los métodos constructivos tradicionales y los materiales locales son la respuesta para una vivienda socialmente accesible, basada en la arquitectura tradicional egipcia. Los campesinos instruidos con las técnicas locales, construyeron sus propias casas con tierra que usaban para muros y ladrillos de barro para bóvedas y cúpulas sencillas. Estos elementos no solo son recursos locales obtenidos del mismo sitio, sino que tienen además un funcionamiento climático envidiable, decenas de años antes de que la sostenibilidad apareciera en el vocabulario de la profesión.

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Una respuesta que no busca la exuberancia, pero una construcción de calidad, integrada en su medio ambiente, económica y accesible a TODOS.

Un “agente de cambio” es una o varias personas que propician, deliberadamente o mediante sus acciones, cambios sociales y culturales en el comportamiento de los demás individuos; alguien que asume el riesgo de proponer nuevas ideas, asume la responsabilidad, logra ver las posibilidades, quien se interesa por los demás, inspira y crea en los otros la capacidad de soñar. Creo entonces que todos los arquitectos deberían tener la responsabilidad de ser agentes de cambios positivos en la sociedad. Reconociendo siempre las pequeñas intervenciones, edificios, pueblos y ciudades como organismos vivos únicos, cuya alma es un sentido de identidad reforzado a través de la participación de la comunidad, arte público, cultura, tradición y aspiraciones para vivir el futuro.

Es responsabilidad del arquitecto integrarse y respetar las circunstancias presentadas, al mismo tiempo que generar un cambio y construir un camino para nuevas circunstancias, para la evolución de la sociedad.

 


João es Arquitecto por la Universidad Lusíada de Porto, en Portugal. Es titular de João Teles Barbosa arquitecto y profesor de arquitectura en la Universidad Vizcaya en Tepic, Nayarit. Actualmente reside en Guadalajara, Jalisco. Otros textos de João: Querétaro: ¿Cuál es su identidad?  |  15/07/2014
Fotografía de portada ©Julián Worral (1) Shigeru Ban, Regufios en Fukushima, Japón 2011. ©Shigeru Ban Architects. (2) Shigeru Ban, Refugio de emergencia de papel en Puerto Príncipe, Haití, 2010. ©Shigeru Ban Architects. (3) Shigeru Ban, Escuela temporal en Chengdu, China, 2008. ©Shigeru Ban Architects. (4) Shigeru Ban, Paper Log House en Bhuj, India, 2001. ©Shigeru Ban Architects. (5) Rikuzentakata, Japón, después del teremoto de 2011. ©Naoya Hatakeyama (6, 7, 8) Toyo Ito, Sou Fujimoto, Kumiko Inui y Akihisa Hirata, Hogar para todos en Rikuzentakata, Japón, 2012. ©Iwan Baan. (9, 10) Mass Design Group, Escuela en Girubuntu, Ruanda, 2010. ©Iwan Baan. (11) Vacíos urbanos, Amsterdam, Holanda. ©Desconocido (12) Aldo Van Eyck, zona de juego para niños, Amsterdam, Holanda. ©Desconocido (13, 14, 15) Norman Foster, mujeres emigrantes en el HSBC, Hong Kong. ©Marisa Gonzalez (16, 17, 18, 19) Torre David, Caracas, Venezuela. ©Iwan Baan (20) Le Corbusier, Quartiers Modernes Frugès, Pessac, Francia, 1925. ©Paul&élo (21) Le Corbusier, Quartiers Modernes Frugès, Pessac, Francia, 1925. ©Eva Chacón (22) Álvaro Siza, Barrio da Bouça, Porto, Portugal, 1975-77. ©Duccio Malagamba (23) Alejandro Zohn, Unidad Habitacional CTM Atemajac, Guadalajara, México, 1977. ©João Teles Barbosa (24) Hassan Fathy, Nueva Gourna, Egipto, 1946-63. ©Daniele Pini (25) Hassan Fathy, Nueva Gourna, Egipto, 1946-63. ©Desconocido

1 comentario

  • Edgar mtz 2 months ago Reply

    Excelente articulo. Sabes si hay algun esfuerzo de este tipo de arq en guadalajara actualmente (2016) ?

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